Dice la canción “que la gente mayor sobra en todos los sitios”, y en la misma canción el nieto pregunta “porqué te marchas?”. Sin duda, la experiencia de la vida ha enseñado al anciano de esa historia, que no debe relatar al niño las causas de su decisión solamente pidiendo no delate sus lágrimas. Muchas veces sino en la mayoría de las ocasiones, es tan saludable callar el dolor, asumiendo es amargo, que atraganta la respiración y que hiere la sensibilidad, sobre todo cuando el cariño que percibíamos ya no se siente.
Quizás uno de los episodios que más marcan la existencia de una persona, es la despedida (en vida). Tomo como ejemplo el adiós de este abuelo, que seguramente deja a sus familiares más amados y cercanos, alejándose sabiendo es necesario. Son tantas las dificultades a las que estamos a diario expuestos, en la mayoría de las oportunidades cuestiones domésticas que no tienen mayor relevancia, pero que sobredimensionamos como si en ello estuviera tanto en juego. Pero el sustento de todo como también dice la canción, es el afecto, el cariño, el sentimiento, … que a cada momento olvidamos, subestimamos y porque no decirlo, consideramos también evidente, no siéndolo pues requiere de frecuencia, constancia y cultivo.
En el afecto se sustenta la humanidad de cada uno. Su debilitación vulnera la paz, la convivencia, los buenos sentimientos. Su no existencia implica irrelevancia, indiferencia, y ese vacío interior que lamentablemente sufren muchas más personas de las que pensamos, o el número que la estadística nos brinda. Es evidente que quien no se sienta querido abandone el lugar que una vez tuvo. Nadie podría tolerar estoy seguro, estar en un sitio donde no se le estima y hasta se le desprecia. Por tanto, no solo la gente mayor sobra en todos los sitios, sino demasiados también que no son mayores.
Sucede que los afectos también se agotan y se cansan de esperar reciprocidad. Aquí la empatía entendida como ponerse en lugar del otro, es primordial para intentar dilucidar circunstancias y responsabilidades. Entonces cuánta responsabilidad tenemos y también admitimos, en el hecho de que ya no nos quieran, o la apatía de la que somos víctima?. Porque aunque no lo admitamos, tenemos la tendencia gravitacional a calificarnos siempre como víctimas, muchas veces siendo victimarios.
Absolutamente todos los anhelos de la vida, requieren de la plataforma del afecto, si éste no lo acompaña: disfrutarlos es imposible. Preguntarse finalmente qué deseo decir en este post, es responder que busco la reflexión sobre la esencia humana. Lejos de cuestiones mediáticas, ajeno a las calamidades que a diario escuchamos, busco un segundo de pensamiento que permita valorar, atesorar aún más los recuerdos, y así, quizás recapacitar y reconsiderar algún o algunos errores y enmendarlos pues jamás será tarde.
Para concluir, … Usted podría hacer un listado de personas que le quieran de verdad? (pero de verdad), ... luego de lo anterior, usted cree que el número resultante logre ser mayor que los dedos de su mano?




