Es tiempo de Navidad. Algunos entendemos el tiempo de Navidad como “la” oportunidad de materializar los afectos en un regalo. Volcados en las calles, buscando ofertas, caminando y mirando vitrinas como en todo el año no se hace, comprando y utilizando cuanto medio de pago esté al alcance, todo eso diluye o reduce al mínimo, el espíritu que cada uno sabe es el que convoca a la humanidad en esta fecha. Está claro que la generosidad abunda y aumenta, es legítimo y hasta natural entregar un regalo, … también doloroso especialmente para un niño no recibir presente alguno. He ahí el tema fundamental de esta fecha, esforzar las voluntades para que los niños sean felices.
Si el dinero es tan importante como al parecer lo es en tiempo de Navidad, qué compraría un niño si tuviera mucho dinero?, si fuese pequeño seguramente pensaría en golosinas, o juguetes y con eso sería feliz, pero los dulces se consumen y se terminan, y los juguetes se estropean, solo basta el ejercicio de preguntar qué regalo tuvo la Navidad anterior y si aún lo tiene en su poder. Qué querría un adolescente si tuviera mucho dinero a disposición?, seguramente comprar un elemento tecnológico que en un breve tiempo dejaría de tener la vigencia que tienen todos los artículos en la actualidad y posteriormente ya querría la versión posterior de aquel. Qué querría un joven si tuviera dinero?, seguramente comprar vestuario o mejorar su apariencia, siendo aquello también circunstancial. Qué queremos los que somos ya viejos?, la mayoría quiere que sus familiares sean felices solamente y que la paz habite en sus corazones sin duda. Pero si analizamos objetiva y duramente el asunto, a mi juicio nadie se despoja del consumismo efervescente que nos invade. El lema parece es “si no gasto o compro, difícilmente tendré una Navidad Feliz”.
Como anécdota recuerdo, hace unos pocos años cuando no existía el correo electrónico, en esta fecha teníamos ya las tarjetas de saludo de quienes nos consideraban y querían, y como el consumismo ya avanzaba a pasos agigantados, incluso no pocos una vez recibida, mirábamos la marca de aquella midiendo el gasto realizado, y otros más incisivos medían el cariño según el número de tarjetas recibidas.
La Navidad posee la magia (energía) de reunir a los seres que se aman, que se quieren, que se estiman. La Navidad tiene segundos y quizás con fortuna minutos de felicidad “verdadera”, entendiendo por felicidad la emoción y la alegría, pero solo eso. Solo basta echar un vistazo en derredor el día 25 de Diciembre a mediodía, la vida continúa y todo sigue su curso como si hubiésemos vivido solo una etapa más. Quizás alguien dirá soy nostálgico o amargado, interpretándose que no deseo regalos para nadie en esta Navidad. No es así, solo es un “lapsus” que detiene el trajín y plasma en este sitio una reflexión. Navidad es el nacimiento de una nueva esperanza, es verdaderamente una nueva oportunidad que nos damos, es perdonar con el corazón, es innegablemente un momento especial, y siendo todo eso NO TIENE VALOR ALGUNO.
La colectiva sintonía positiva ejercida en Navidad es incomparable con otro momento del año. Debemos hacer regalos sí, pero tenemos la obligación de subrayar siempre a niños, a jóvenes, y a adultos, que es un momento particularmente singular que mueve a la HUMANIDAD tras una sola intención, … tener una FELIZ NAVIDAD, … un enorme abrazo navideño para ti y para todos los seres que amas y consideras en el mundo.






