miércoles, 21 de noviembre de 2007

GRAFFITI, ... bien, pero mal

Hace mucho tiempo deseo reflexionar sobre el graffiti y sus expresiones en muros, vidrios, y en todo lo que soporte la expresión rebelde de algunos, manifestación que a su vez otros llaman “arte”, pero que sin duda la mayoría califica como deficiente utilización de los espacios públicos y privados.
Creo que hay grupos de personas en nuestra sociedad que al parecer les complace la irreverencia y ven en esta forma de expresión, su modo especial de hacer sentir al “sistema” su postura y actitud frente a las desigualdades. Comparto que las injusticias son frecuentes y las respuestas a las demandas por parte del sistema parecen débiles, pero eso qué tiene que ver con la actitud final y que conlleva un perjuicio?
Perjuicio cuando un dueño de casa pinta la fachada de su hogar para que a la mirada tenga una mejor presentación, considerando a su vez nadie le regaló la pintura y nadie le colaboró en la tarea. Perjuicio cuando alguien en ausencia de pintura, raya con una piedra el vidrio de la locomoción colectiva, siendo este un bien que presta un servicio público. Me pregunto porqué irritar al inmediato entorno si finalmente el objetivo de esa actitud rebelde no cumplirá su objetivo de llamar la atención de las autoridades o del “sistema”, sino molestar e incomodar a quien se vea perjudicado?. No obstante todo lo anterior, valoro y admito la belleza del arte del graffiti y también las manifestaciones pulcras algunas que sin calidad también se insertan en su medio. Son los excesos los que me preocupan.
Hace algún tiempo un par de chilenos fueron apresados en el Cuzco Perú por rayar una reliquia de la ciudad, monumento histórico que imagino enorgullece a los peruanos tanto así que existe legalidad sobre el particular. Bueno, nuestros compatriotas estuvieron pasándola muy mal producto de aquella situación, y sin duda hoy recuerdan este hecho como una muy mala experiencia. Este suceso más allá de marcar la vida de dos ciudadanos chilenos en el extranjero, fue un llamado simbólico a todos aquellos que poseen el criterio de rayar todo lo que se cruce en su camino, pero también fue una muestra de que solo en Chile al parecer se puede no respetar los espacios del otro. Conclusión: qué maravillosa se vería la ciudad sin rayados incomprensibles e ininteligibles, ... y si alguien tuviera ese don de rayar manifestando así el arte, cuán válido sería que rayara el Palacio de la Moneda, o el Museo de Bellas Artes, o el monumento a Pedro de Valdivia en la Plaza de Armas, o no sé ... todo a mi entender sería posible, fundamentalmente si existiera una previa empatía y el asumir el respeto por los demás.

JOVENES II, ... la regresión

Hace unos años surgió en la internet un movimiento cuyo slogan señalaba en su leyenda “piteate un flaite”, que traducido a un lenguaje sencillo significaba algo así como “me desagradan los tipos desdeñados y por tanto hay que excluír a quien no se somete a los cánones preestablecidos, o bien, todo lo que sea raro hay que desecharlo”. Hoy es muy común y casi natural esta gente llamada “flaite” sea parte ya de nuestra sociedad, existen otros estilos también que sin duda llaman mucho la atención de quienes somos ya un "poco mayorcitos" diplomáticamente hablando para no decir "viejos" según los flaites.
En el post anterior, señalaba que la juventud actual es muy similar a la que nosotros vivimos, pues mucho de lo que criticamos hoy ayer se nos criticaba a nosotros, así fue entonces con los pantalones “pata de elefante” ... que ajustados en la cintura y hasta la rodilla nos hacían sentirnos “in”, ... también recuerdo en el caso de nosotros los varones los zapatos esos con plataforma y tacos, ufff ....todo por estar a la moda, sensación que no comparto en la actualidad cuando veo fotos de aquella época y más aún, cuando me pregunto “¿cómo pude yo usar esas cuestiones?”.
Ahora, a cada momento veo a jóvenes con unos inmensos pantalones cuya talla les supera en demasía, y cuya correa o pretina llevan a la altura del pubis y casi al borde inferior de los glúteos mostrando la ropa interior. Este solo un detalle, pero que comparativamente y seguramente, también nos criticaban a nosotros en su época ... nuestra forma tan especial de vestir. Qué liviana es nuestra crítica y cuánto de aquello vivido en nuestros años de juventud olvidamos en el trajín de tiempo.