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martes, 8 de marzo de 2011

INDULTO PENAL, ... se lee incoherente

El episodio del incendio carcelario en San Miguel (Santiago de Chile) acaecido en Diciembre pasado, hecho en el que murieron quemados 81 reos y que conmocionó a la sociedad chilena, fue un suceso que develó un sistema penal en crisis y que aún hoy impacta a los chilenos, cuando el Ministro de Justicia en esta jornada expresa “las cárceles se han convertido en una especie de Universidad del Delito”. Lo dicho por la autoridad se enmarca en el anuncio de una serie de medidas que el Gobierno implementará en un proyecto que el Congreso de la República deberá resolver para optimizar el asunto penal en Chile.

Las estadísticas sobre hacinamiento penal son la mayor preocupación -por demás justificada- si analizamos tanto las palabras como los sucesos consecuencia del incendio. Son aproximadamente 56000 los reos cumpliendo sentencia, y en algunos centros penitenciarios superando el 600% de la capacidad normal. También se menciona es Chile la segunda nación con más presos en el continente. Vale considerar que la estadística no contempla a los delincuentes que obtienen penas remitidas, por tanto el asunto de la Seguridad Ciudadana al parecer (y es seguro) tiene un fallo en su raíz. Si dimensionamos entonces la cantidad de delincuentes en Chile podríamos decir que el número es similar al Estadio Nacional lleno de hinchas en un clásico del fútbol chileno. Sin lugar a dudas preocupante.

En solo instantes y luego de las declaraciones del Ministro el día de hoy, se han alzado voces de representantes partidistas, de instituciones, y de organismos pidiendo esto y aquello, y que se deben considerar tales y cuáles. No es menor el tema del INDULTO cuya finalidad es descomprimir un sistema a todas luces mal diseñado, desde la responsabilidad que le corresponde a la sociedad y a cada uno de nosotros (pues empíricamente el delincuente no nace sino se hace), al estado y sus poderes desde el ejecutivo pasando por el legislativo concluyendo en el judicial, y posteriormente al mismo reo cuya pena aplicada DEBE ser primero disuasiva, luego sancionatoria y concluyendo rehabilitadora, factores que no se alcanzan ni cumplen en los tiempos actuales.

Extraoficialmente se pretende indultar a 10000 reos, que es un quinto de la población penal actual. Se argumentan razones de edad, enfermedad terminal, y el cumplimiento de una gran parte de la sentencia. Se agregan a lo anterior la conmutación de penas leves por servicios comunitarios, atribuyendo a los delitos menores una suerte de calificación especial buscando evitar el ingreso al sistema carcelario. Pero, lo estrictamente delicado de este asunto es la interpretación de la sociedad y la señal que se está enviando a la ciudadanía, a las víctimas, y a los mismos delincuentes. El PERDÓN es favorable siempre, pero cuando se trata de un asunto tan estrictamente ligado al comportamiento social, se convierte en arma de doble filo que puede resultar más en una desventaja que en una buena oportunidad.

Me niego a creer que el indulto a los presos sea un camino óptimo. Más bien creo en su inconveniencia producto de factores sociales que HOY no resguardan aspectos fundamentales como por ejemplo la ya acostumbrada (por décadas) sensación de INJUSTICIA e INSEGURIDAD. Más bien creo que es un camino pedregoso, que brindará más resquicios legales y artimañas que favorecerán única y exclusivamente a los delincuentes que nos acechan. Sobre el delito una reflexión para concluir: “si observamos el RANGO DE EDAD de los imputados en Robos con Violencia, tanto en domicilios como en lugares públicos, nos daremos cuenta de esos DELINCUENTES son NIÑOS, y son ellos quienes hoy nos atemorizan”.

martes, 10 de noviembre de 2009

DELINCUENCIA, ... cómo erradicarla?


La Tercera, Noviembre 09 de 2009
Es notable como el delito hace presencia y gana también espacios en los tribunales de justicia. Según el informe trimestral del Ministerio Público dado a conocer en estos días por la Fiscalía Nacional, el 74,5 % de los robos con violencia se archivan provisionalmente debido a que no encuentran responsables. A su vez, si observamos el gráfico de delitos es llamativo como: los robos no violentos, los hurtos y los delitos sexuales superan la media, transformándose ellos en un indicador que debe su responsabilidad al erróneo manejo de las políticas de seguridad ciudadana. Es cierto que mucho de lo delincuencial debe su origen a la cada día más mezquina distribución de la riqueza, al consumo de drogas tanto lícitas (en especial el alcohol) como ilícitas, al innegable y mayoritariamente origen familiar de los delincuentes, y a las cada vez más blandas leyes punitivas que han sido promulgadas en las últimas décadas, éllas más favoreciendo que sancionando al antisocial.
En tiempos de campañas presidenciales y electorales de parlamento como las que vivimos en la actualidad, algunos –de diversas tendencias- señalan a la delincuencia como bandera de lucha y anuncian acciones para el mejoramiento de aquellos índices, a través del aumento de las fuerzas policiales, optimización de los programas de reinserción y de la infraestructura penal básicamente. En resumen las promesas apuntan a “ponerle candado a la Puerta Giratoria”. Así se ha llamado al efecto y consecuencia que tiene el delito en el ámbito judicial, cuando los eventuales culpables adquieren la libertad de manera o muy rápida o muy fácilmente, dejando en el ambiente una sensación de desamparo social, que como resultado tiene a la población invirtiendo cada día más en seguridad y en prevención.
Gráficamente esto que ocurre, lo plasmo en lo que dijo hace unos días el auditor de una radioemisora, quien manifestaba que el vivía en una población donde la delincuencia, el narcotráfico y el consumo de drogas eran parte de la cotidianeidad, pero lo importante agregaba, era “cómo le explico a mis hijos que en la vida todo requiere de esfuerzo y que para ello debemos educarnos, si a su vez mis hijos ven a diario a niños y jóvenes y personas que no trabajan, que no estudian ni poseen estudios, pero que viven sin mayores dificultades, paseándose en automóviles del año, vistiendo las mejores ropas, adquiriendo propiedades, y más encima instalando un sistema de intolerancia social ajeno a los buenos principios … cómo le explico?.
En definitiva, la delincuencia es un problema social integral, donde los protagonistas que somos todos, al parecer no tenemos los elementos ni las herramientas para categóricamente atacarla.