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sábado, 6 de noviembre de 2010

RAZA PELIGROSA, ... o mascota?

Un perro pit bull nuevamente ha mordido a un transeúnte en la comuna de San Bernardo en Santiago de Chile, esta vez la presa tuvieron que quitársela al animal con golpes de herramienta mecánicas. Hace algún tiempo el mismo animal mordió a un niño con consecuencias, que implicaron desde la urgencia clínica hasta el posterior tratamiento que incluyó no despreciables sumas de dinero. En Chile y durante el año 2009 se registraron 25 mil ataques de perros, según cifras manejadas por el Ministerio de Salud. En lo que va de 2010, los hechos de esta naturaleza alcanzan los 15 mil y deberían aumentar. No obstante corresponde agregar a las estadísticas señaladas, los hechos que no llegan a conocerse producto de solamente magulladura sin mayor complejidad o amenaza del can.

Por mascota según el diccionario, se entiende el animal doméstico que sirve de compañía. Debo señalar que en mi casa tengo algunas mascotas, y ha sido muy dificultoso en mis hijos implementar una política de cuidado y responsabilidad para con estos animales, pues al adquirirlas la tendencia es solo a pensar que solamente son criaturas que necesitan y brindan afecto, cuando la realidad implica cuidados desde las necesidades fisiológicas, hasta los detalles de vacunaciones por salud, y enseñanzas de normas y costumbres. En definitiva las mascotas forman parte de la familia y como tales se disfrutan y crecen con sus miembros, hasta el momento doloroso de su partida.

La tenencia de un perro de raza llamada peligrosa, a mi entender no es poseer una mascota, sino tener un animal que es mascota pero con valores agregados que incluyen responsabilidades y obligaciones agregadas. En algún momento el perro manifestará sus genes, tanto así que quienes poseen uno de estos animales tendrán siempre la sensación de sentirse protegidos, y los vecinos tendrán la sensación del temor. Para graficar este asunto, hace unos días caminando por el centro de la ciudad, recuerdo en un momento vi venir por la misma vereda a un señor con un perro que en altura le llegaba más arriba de la cintura, y que en porte sí admito generaba más que demasiado respeto. Admito me quedé por unos momentos observando al animal y a su amo, pensé en la posibilidad cierta de ser atacado, pensé en si ese hombre tendría las fuerzas suficientes como para contener al animal en una circunstancia de peligro, pensé en si verdaderamente él tenía conciencia del tipo de perro que poseía, pensé en las consecuencias de un ataque desde un daño menor hasta el resultado letal, en fin, pensé en si ese can tenía ya un historial de amenazas o ataques a personas.

Hace años ya, para ser preciso 10, se tramita un proyecto en el Congreso de la República para regular la tenencia de perros de raza peligrosa, pero aquel duerme entre tantos otros que sí deberían ser promulgados. Cabe señalar que el proyecto las veces que ha sido tratado, ha sido objetado por la inclusión de la eutanasia, pues amplía esa atribución a los perros callejeros los que son también peligrosos pues no cuentan con las vacunas y cuidados respectivos. Es necesario e imprescindible normar no solamente la tenencia y propiedad de estos animales, sino también legislar sobre quiénes son aptos o quiénes pueden tenerlos. Asimismo, es urgente regular y calificar las responsabilidades de los amos de estos perros, pues no es justo que alguien mordido y con secuelas físicas y psicológicas, tenga que asumir los costos de tratamientos clínicos y terapias en virtud de sucesos de esta naturaleza, pues en la actualidad aquello queda solo a voluntad del propietario del animal.

Pero al igual que los semáforos de las esquinas, en este asunto de los perros de raza peligrosa, al parecer solo la cantidad de fallecidos logrará la instauración de verdaderas medidas de prevención, control y protección.