Mostrando las entradas con la etiqueta dia del padre. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta dia del padre. Mostrar todas las entradas

sábado, 27 de noviembre de 2010

LA HUELLA DE LOS PADRES, ...

Por estos días se realizan las declaraciones de testigos en el juicio llamado de “La Quintrala” sobrenombre que le han aplicado a María del Pilar Pérez López (58), quien está imputada por homicidio en contra del novio de su sobrina Diego Schmidt-Hebbel. A la responsabilidad anterior se agrega también la acusación de mandar asesinar también a su ex-marido homosexual y la pareja de aquel. Todas las aristas de este caso se sitúan al interior de una familia chilena, que como cualquier otra, viven, trabajan, se esfuerzan, y en particular protegen a sus hijos a la vez que velan porque ellos se desarrollen para que continúen el ciclo de la sociedad. Pero a mi juicio el factor importante en este caso para la reflexión, es la decepción, el dolor, los detalles domésticos de una vida familiar, y la declaración de los hijos en contra de su madre.


¿Cómo se gana el desprecio de los hijos?; ¿Cómo se puede llegar a sentir odio por la madre o el padre?; ¿Cómo es posible romper el vínculo?; ¿Cómo se llega en un juicio público a declarar en contra de una madre?. En este caso impactan las declaraciones de la hija, quien se refiere a su madre como la “imputada”, y al requerir su especificidad familiar señala “lamentablemente es mi madre”.

Es ineludible reflexionar sobre los errores que como padre he dejado en la retina de mis propios hijos. Es ineludible recordar momentos dolorosos y poco gratos, cuando nos damos cuenta de que nuestros hijos han crecido y nos expresan y enrostran la incapacidad de quererlos, la incapacidad de amarlos, la incapacidad de protegerlos, la incapacidad de merecer ser llamados papá o mamá. Sobre este asunto, es generalizado el acuerdo de que nadie enseña a ser padres, de que no existen recetas, de que somos imperfectos, y de que intentamos siempre ser los mejores. Pero en el intertanto algo falla, algo triza, algo rompe, y algo separa la realidad de la conjetura idílica en la que vivimos.

En lo personal nunca creí fuese posible existiera tal brecha, no obstante leyendo en la red sobre algunos hijos refiriéndose de sus padres, observando como las dificultades en el mundo son generadas fundamentalmente en esa raíz formativa cual es el hogar, y recibiendo también esas expresiones de desprecio y dolor, asumo que olvidé quizás algunos detalles que consideré en su momento irrelevantes. Es imposible poner en plano comparativo las diversas situaciones que tienen un mismo resultado: algunos hijos fueron golpeados, otros agredidos psicológicamente, otros abusados sexualmente, otros siempre aplastados por decisiones verticales, otros utilizados como arma contra el padre o la madre separados, otros obligados a trabajar para mantener a sus progenitores, otros enviados lejos del regazo maternal y del hogar porque “molestaban”, otros expulsados de su hogar, y otros tantos por diversos motivos que resultaron en un “odio” singular.

Íntimamente relacionado con este tema, impacta lo informado por el SERNAM (Servicio Nacional de la Mujer), organismo que señala en Chile el 35% de las mujeres son violentadas de alguna manera, … eso significa que un tercio de los hogares sufren el flagelo del abuso en alguna de sus formas. Es complejo entonces prever la calidad del hogar, la actitud, la capacidad, y el amor que todos aquellos hijos marcados por una previa vida infeliz tendrán en el futuro. Para este asunto no existe política, ni ley … sino el cultivo, formación y desarrollo del amor por los hijos, que se plasmará en un “te amo mamá” o un “te amo papá” solamente recibido al momento de morir.

sábado, 19 de junio de 2010

DÍA DEL PADRE, ... mí sencillo homenaje


"Carta a Mí Padre:
Muchas veces quise escribirte como hoy lo hago. Muchas veces me ví admirando a otros niños, quienes en conversaciones me hablaban sobre sus papás, por ello observándolos, guardando solo silencio, callando con pena, y preguntándome porqué tú no estabas a mi lado. Incontables veces no pude derramar esas lágrimas que deseaba arrojar fuera de mí, aunque se me desgarraba el alma y sentía que el corazón se me hinchaba no permitiéndome respirar, sino suspirando con tristeza y asumiendo era esa la CONDICIÓN DE HIJO que me brindó la vida. Siendo niño muchas veces te necesité, en especial cuando me encontré solo y lejos de mi madre por tantos meses y hasta años. Muchas veces en casa de mis amigos, notaba esa dureza y autoridad que ejercían sus padres con ellos, y los escuchaba reclamar y hasta expresarse de mala manera de “sus viejos”, preguntándome si tú serías así conmigo y yo contigo en la misma circunstancia.
Pero el destino quiso que mis ojos te miraran a los tuyos un día. Desde el comienzo supe quién eras, sentado allí, mirándome y esperando mi reacción. Conversamos recuerdo como dos personas que recién se conocen. Desprovistos de confianza, ajenos a la cercanía que se supone debe existir. Solo fue un día en mi adolescencia, que para mí, te lo confieso, fue uno de los que más nítidamente recuerdo siempre, como aquel instrumento que me regalaste ese día y que atesoro conmigo hasta el día de hoy.
Un día hace algunos años, por un trámite civil tuve la oportunidad de saber de tí. Por aquel medio tecnológico me enteré de tu deceso y que habías fallecido en algún lugar hacía un par de años en un día de Diciembre. No niego que el golpe de sensibilidad de esa noticia me dejó meditando por muchísimo tiempo. Pensé una y otra vez, en la oportunidad que había definitivamente perdido, en las mil ocasiones que quise y necesité abrazarte, en la imposibilidad de oír regaños, … y especialmente, ... en las infinitas ocasiones que de mi boca quise saliera esa palabra que jamás dije y que nunca diré: ... “papá!”.
Hoy, ya convertido en ese que siempre quise saber cómo era. He comprendido que la vida tiene muchos laberintos, algunos de ellos insalvables, otros circunstanciales, y otros simplemente son la opción que cada uno toma. Termino esta carta diciéndote que no eres culpable de nada, que solo eres mi origen y mi sangre, que igual me enorgullezco de tu apellido, y que donde estés ahora, para mí, aunque jamás te lo haya dicho, fuíste, eres y hasta que yo muera, ¡seguirás siendo mí PAPÁ!.
Un enorme y eterno abrazo, ... TU HIJO siempre".

... es el Ciclo sin Fín ...

lunes, 26 de octubre de 2009

HIJOS, ... algunos pródigos


(Con Una Pala y Un Sombrero - Gervasio)

En la parábola del Hijo Pródigo se expresa uno de lo sentimientos más maravillosos que un Padre pueda expresar por sus hijos.
En esa historia el menor exige su herencia y se aleja de sus padres, sus hermanos y su familia, para disfrutar lo que la vida pueda ofrecerle, viviendo de aquel modo momentos de placer hasta que el dinero se le agota. A la deriva, con hambre, con sed y sin lugar donde dormir, … aquel hijo meditaba en las comodidades con las que sus hermanos contaban, y sufría en esos momentos al pensar que él nada tenía.
Luego de mucho tiempo de vagar, pasar hambre y humillaciones, decidió volver a casa … el Padre al verlo llegar, corrió a recibirlo y lo estrechó entre sus brazos, … entonces el hijo cayó arrodillado y se abrazó a las piernas de su papá, abandonándose a las lágrimas del dolor y del arrepentimiento. El padre solo le acarició sus cabellos, con ello no solamente manifestando el perdón, sino el inmenso amor que un papá tiene por su hijo. Luego de esto, el padre organizó una gran fiesta para celebrar el regreso del hijo menor a casa.
El hermano mayor que observaba los acontecimientos producto del regreso de su hermano, esperó el momento para hablar a solas con su Padre. Cuando se encontraron solos, le enrostró que jamás él le había abandonado, que jamás él había recibido siquiera una res para celebrar con sus amigos, que jamás él le había pedido ni mucho menos exigido la parte de su herencia, … y que por tanto no comprendía la situación.
El Padre le miró profundamente a los ojos … tomó tiernamente con sus manos la cara de su hijo … y le dijo: “Hijo mío, … yo había perdido a tu hermano, … es cierto que te tengo a ti cada día, … y no dudes que tú para mí mereces todo, … un festejo solo es eso, … mi corazón sabe cual de mis hijos es más grande a mis ojos y a los ojos del mundo, … pero no seré yo quien premie tus esfuerzos y el amor que dices tenerme, … tu hermano se había ido, ha regresado y debemos alegrarnos, solo eso importa ahora”.
(este post lo escribo pues viví el dolor ... uno de mis hijos se fué ... y regresó ...)

martes, 9 de junio de 2009

PAPÁ, ... fuíste y lo soy


Como se aproxima el Día del Padre, a diario y en diversos medios se comercializa y se nos entrega el mensaje subliminal, de que debemos materializar de alguna manera el sentimiento por nuestro papá. Hay quienes ya no lo tenemos a nuestro lado porque partió para nunca volver, ... hay quienes jamás lo tuvimos presente en nuestras vidas por diversas razones, ... hay quienes compartimos con ellos a diario, ... regañándonos, siempre manifestándonos que esto o aquello es lo mejor ... pero vaya que nos es complejo entender cuánta razón tienen.

A su vez como papá, es tan importante y cómo nos cuesta comprender que el tiempo a cada minuto y cada día se nos va, ... y que nos aleja cada día más de la posibilidad de demostrarnos especialmente con nuestros hijos ... todo el inmenso amor que les tenemos, ... admito escasean los gestos, ... admito quizás la vida va demasiado rápido, ... pero quiero aún así de todos modos, que mis hijos sepan que los adoro y los amo, porque la vida me los prestó y porque ellos son mi huella en la eternidad. Si me he equivocado, ... reciban mi petición de perdón, ... pero tengan la certeza también, que en mil oportunidades he intentado no errar y ser el padre que ustedes quisieran ... los amo más que a mi vida, ... siempre.