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sábado, 23 de octubre de 2010

BORJA LÓPEZ, ... y la búsqueda de Justicia

Un niño ha fallecido en un automóvil, resultado de estar solo durante tres horas aproximadas y terminando asfixiado por el encierro. La mujer apuntada como responsable de este hecho, en el cumplimiento de una función basada en la avaricia (deseo de bienes o riqueza, por el dinero) o en una obligación corporativa mal interpretada, ha sido víctima también generando diversas opiniones que son dignas de considerar. Este suceso ha impactado a la sociedad chilena, pues un niño por cumplir tres años ha dejado de existir, dos familias (la de los padres y la de la responsable) han adquirido para sí un dolor que difícilmente será aplacado, y la ley una vez más deberá demostrar su capacidad de justicia.


La profesional educadora de párvulos Eugenia Riffo, desde hace algunos años prestaba servicios en el jardín infantil y sala cuna Mandarino de la comuna de Huechuraba en Santiago de Chile. Se ignora desde cuándo, pero como de costumbre y en su automóvil particular, trasladaba a un número de infantes y colegas, hasta el lugar de trabajo, y luego de regreso realizaba el mismo “servicio” hasta los hogares de sus pasajeros. Este martes 19 de Octubre dicho cometido realizado siempre con normalidad tuvo un desenlace fatal cuando el niño de nombre Borja López, “quedó olvidado” en el automóvil que lo trasladaba. Este olvido tuvo un costo mayor, pero varias circunstancias se dieron para que esto ocurriera: primero el olvido ya referido; segundo la extraña coincidencia surgida para que educadoras y técnicas no notaran la ausencia del menor no obstante su mochila bajada del vehículo y presente en su sala; tercero el hecho irregular en que estos traslados se efectuaban amparados en cierta comodidad lucrativa; cuarto la serie de sucesos domésticos paralelos que rodean este doloroso asunto; y quinto la accidental e incomprensible situación. Resultado: dolor, arrepentimiento, y búsqueda de justicia.


La justicia en principio, es lógico que luego de la formalización deba dejar en libertad a la “conductora” y “tía”, brindando los tiempos dictaminados para el desarrollo de la respectiva investigación. Lo que sí es relevante en este asunto es la cadena de eventos que finalizan en esto. Existe un instructivo corporativo institucional del establecimiento educacional, que “sugiere” a los padres tomar un servicio de traslado particular más “directo” y “barato”. En este caso es de importancia mayor conocer si el establecimiento es el que administra los dineros percibidos por este servicio y si existen los respectivos recibos o boletas que avalen dichos ingresos. Si así fuese, la responsabilidad jurídica está fundamentalmente radicada en el establecimiento o en alguna instancia que lucraba con este servicio de transporte. Esta línea de investigación basada en los dichos de la parvularia, en orden a justificar su particular servicio como una oportunidad para mejorar sus ingresos, lo que evidencia la COMPLICIDAD de algún superior. A su vez, si los dineros por este “servicio” fueron recibidos de modo informal y no existe medio de prueba de su existencia, los responsables son los padres y la educadora por el delito de COHECHO, por tanto a ambos les corresponde culpabilidad en los grados que corresponda.


Los seguros y sus siniestros contratados son cada vez más importantes en el mundo. Recordemos que todo medio institucional debe contemplar esos elementos en su actividad, también los hay de vida, salud, para vehículos, laborales, accidentales, para bienes raíces y personales. Lo doloroso es que este asunto no deriva seguros de ninguna índole, y eso es lo más importante y que como lección deja este caso. Como en la mina San Esteban y como en miles de lugares hoy, la SEGURIDAD es lo último a considerar en el cumplimiento de una labor o de un favor.

sábado, 4 de julio de 2009

SOY LLORÓN, ... y nadie hizo justicia

La ira, el enojo, la envidia, la ambición, el resentimiento, los celos y hasta la molestia … todos estos sentimientos humanos generan actitudes violentas, premeditación, consecuencias de por vida y hasta resultados de muerte.
El 01 de Marzo del año 2001 y en un Jardín Infantil (guardería de niños y bebés) llamado “Güagüa Feliz”, los dueños del establecimiento, una pareja constituída por una parvularia y por su pareja un ciudadano argentino que ejercía labores de administración envea aquí el fallo en su integridad el local, cometieron uno de los crímenes más repudiables que existen en la historia de nuestro país. Sebastián Navarrete Valenzuela de seis meses, en su segundo día en el Jardín, fue asfixiado con una cinta adhesiva colocada en su boca y con premeditación, pues incluso en la cinta escribieron el texto “Soy Llorón”. A la fecha han pasado ocho años desde que sucedió este lamentable y doloroso suceso.
En el intertanto, la Justicia ha operado y ha buscado en tribunales una sentencia que finalmente castigue a los culpables de este delito. Han dictado su veredicto, Primero un Tribunal que sentenció, luego la Corte de Apelaciones que dispuso 540 días de cárcel, y finalmente la Corte Suprema que hace unos días ha resuelto en su fallo final de 500 días de Pena Remitida, esto significa la suspensión del cumplimiento de la sentencia y su discreta observación además de asistencia a los condenados por parte del organismo administrador de las sentencias (gendarmería)durante cierto tiempo. Resulta nítido que existió premeditación, pues la cinta no solamente se la colocaron al niño en la boca con lo que ello implica, sino que además se permitieron burlarse de algún modo de un bebé indefenso y además enfermo según los resultados de la investigación. Por tanto los inculpados de acuerdo con la sentencia final, jamás pasarán un solo día en la cárcel. Los padres de Sebastián a su vez, jamás podrán tener la sensación de justicia, y jamás nadie les devolverá la posibilidad de sentir que existen instancias de credibilidad en nuestro país.
Como conclusión una reflexión: … porqué cuando se acreditan las culpas … aún así existe la posibilidad de evadir la sanción?. Desde esta sencilla y humilde tribuna me adhiero al inmenso dolor y a la desgarradora impotencia de los padres de Sebastián y los insto igualmente a tener confianza … confianza en la única justicia verdadera, que seguramente a cada uno nos llegará y enfrentaremos ineludiblemente en su oportunidad. En cuanto a la Justicia que poseemos y que nos protege ... ya nada de lo que sentencie me sorprende.