
La Inquisición durante siglos –nótese que son centenas de años- asesinó a quienes no solamente fueron acusados de “herejía”, sino también a aquellos que tuvieron la audacia de declarar que la Iglesia no era sitio exclusivo de la manifestación de la fe. La Iglesia fue por tanto poderosa, y bajo su imperio vivieron y murieron millones, cifra que en el contexto deja sin duda una sensación apocalíptica.
En la actualidad ya es parte casi de lo cotidiano el hecho que veamos personas consagradas (sacerdotes) involucradas en escándalos, algunos de ellos repudiables como el abuso de menores, y otros abiertamente expresando que el celibato es un mal no menor y que necesariamente a la brevedad debe ser más que atendido resuelto.
Los episodios conocidos, sus implicancias, las víctimas, la sesgada burla, la exposición farandulera, la sensación de una escasa intención por hacer justicia, la descarada protección a los victimarios, y hasta el acceso a la tecnología, … requieren con urgencia de una mirada eclesial progresista y evolutiva. La discusión está instalada desde hace no poco tiempo en los diversos medios del mundo occidental, pues quienes defienden el celibato hasta presentan cuadros estadísticos señalando que la eventualidad del matrimonio no mejoraría los abusos (¿), los detractores argumentan a su vez que no se trata de que los “curas” se casen, sino de que se declare obsoleta la abstinencia y ella sea optativa pero conocida de hecho por cada una de sus comunidades.
En definitiva algo hay que hacer con esta dificultad que tanto al interior como de manera externa se concuerda es un problema. La Iglesia administrada por humanos es lógico sea mirada fundamentalmente (y prioritariamente) desde la humanidad, y no como se pretende y se ha pretendido siempre por sus líderes … quienes están convencidos de que la visión que ellos poseen … es una vista aérea, o sea desde las alturas (eso es precisamente lo que ha logrado que sus caídas sean más vertiginosas, dolorosas y letales). Por último, ... se requiere muchísimo más que buscar el perdón de las víctimas, pues es auténticamente cómodo ofrecer disculpas frente a un micrófono y nada más hacer.
En la actualidad ya es parte casi de lo cotidiano el hecho que veamos personas consagradas (sacerdotes) involucradas en escándalos, algunos de ellos repudiables como el abuso de menores, y otros abiertamente expresando que el celibato es un mal no menor y que necesariamente a la brevedad debe ser más que atendido resuelto.
Los episodios conocidos, sus implicancias, las víctimas, la sesgada burla, la exposición farandulera, la sensación de una escasa intención por hacer justicia, la descarada protección a los victimarios, y hasta el acceso a la tecnología, … requieren con urgencia de una mirada eclesial progresista y evolutiva. La discusión está instalada desde hace no poco tiempo en los diversos medios del mundo occidental, pues quienes defienden el celibato hasta presentan cuadros estadísticos señalando que la eventualidad del matrimonio no mejoraría los abusos (¿), los detractores argumentan a su vez que no se trata de que los “curas” se casen, sino de que se declare obsoleta la abstinencia y ella sea optativa pero conocida de hecho por cada una de sus comunidades.
En definitiva algo hay que hacer con esta dificultad que tanto al interior como de manera externa se concuerda es un problema. La Iglesia administrada por humanos es lógico sea mirada fundamentalmente (y prioritariamente) desde la humanidad, y no como se pretende y se ha pretendido siempre por sus líderes … quienes están convencidos de que la visión que ellos poseen … es una vista aérea, o sea desde las alturas (eso es precisamente lo que ha logrado que sus caídas sean más vertiginosas, dolorosas y letales). Por último, ... se requiere muchísimo más que buscar el perdón de las víctimas, pues es auténticamente cómodo ofrecer disculpas frente a un micrófono y nada más hacer.


