No solamente a la meditación, también a la investigación, a la búsqueda de respuestas a ciertos paradigmas, a la apreciación del arte, en fin, hay una vertiginosa cantidad de ele
mentos a los que el escritor recurre con una habilidad sencillamente admirable. Ya sucedía con el famoso “Código Da Vinci” del mismo autor quien en ese libro remecía el fundamentalismo de la Iglesia, entremezclando la realidad con la ficción. En esta ocasión son millones los ejemplares vendidos. He visto a no poca gente leyendo ávidamente en diversos espacios públicos esta última novela que incita, provoca y que contiene en sí un mensaje, … un llamado, cual ring telefónico que al responder ignora sus consecuencias, en especial cuando se trata de un secreto.De la mano del autor se recorren calles cuyos detalles asombran, se visitan edificios como si el autor tuviera a su lado a los arquitectos, grupos francmasones cuya presencia mundial develan en algo la razón su existencia y les brinda la calidad mediática que por mérito les es, ideologías que intentan razonar , creencias religiosas que se yuxtaponen, cuestionamientos científicos cuyas respuestas aún están muy lejanas, dogmas que se tambalean, noética y metafísica ambos levemente tangibles, y enigmas que enfrentan como siempre las tendencias del bien y el mal como si viajáramos en un péndulo cuyo vaivén evidentemente no se detendrá jamás.







