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miércoles, 6 de julio de 2011

GANE, ... gran acuerdo nacional por la educación

En cadena nacional televisiva y radial, el Presidente de la República Sebastián Piñera ha propuesto el Gran Acuerdo Nacional por la Educación, resumido en la sigla GANE. La proposición anunciada para el sector en conflicto en la actualidad, contó con la escolta del Ministro Joaquín Lavín, quien inerte acompañó al mandatario durante los casi 15 minutos de la intervención. Sobre la intervención dos puntos: en la imagen, el exceso de banderas chilenas de fondo cuyo simbolismo llamó la atención, y como siempre, las claras ineficiencias de dicción, que fracturan las ideas esforzando a los auditores. Pero esto último es solo una opinión ácida a la circunstancia.

Insisto como antes lo he señalado en este espacio, Sebastián Piñera sin duda a mi juicio tiene buenas intenciones y desea ser un buen mandatario. No ha dado muestras desde que asumió, de las incoherencias que sí antes tuvo y que por demás hoy le pasan la cuenta. Se amplía la complejidad del escenario, cuando la ciudadanía observa su actuar frente a las situaciones tanto de orden común como político. Debo reconocer que cuando se acusa a nuestro mandatario de aplicar empoderamiento a su gestión, las muestras y señales así lo indican. Solo traer a colación el caso más importante en este contexto a considerar: el tema Rescate Mineros no se produce por una gestión brillante del Ministro de Minería y Energía, Laurence Golborne, se genera en la convicción y decisión vertical de un presidente que no escatimó recursos fiscales y humanos en la apuesta por un rescate que podía tener desenlace fatal. Y por último en ese asunto está claro, que un ministro no tiene potestad para autorizar tales volúmenes de inversión, ni ejecuciones mayores, pues aquellas son facultades privativas solo atribuibles a un presidente.

El empoderamiento entonces se ve nítido en esta intervención que propone el GANE. La gran dificultad de este actuar, es la verticalidad de la decisión y la sensación “entre cuatro paredes” en su resolución. Dentro de lo fundamental del anuncio: hay mayor inversión, se mejoran ciertos defectos, se propone optimizar el rango de subsidios o ayudas para los estudiantes, se inyectan recursos a la enseñanza técnico profesional, se reevalúan las tasas de interés del Crédito con Aval del Estado, se regularizarán deudas del Fondo Solidario de Crédito Universitario, y se propone brindar estrictez y rigurosidad al área de la educación superior a la vez que se anuncia la institución del lucro. Todo bien en el discurso, pero lógicamente todo cuestionable cuando sabemos que se cuenta con minoría en el ámbito Legislativo y una popularidad ciudadana excesivamente baja. En definitiva queda la sensación de una participación sino ajena, lejana de los actores del sistema en conflicto, más cuando se ha señalado la intención de dialogar y una política de “puertas abiertas”.

Existen una multiplicidad de factores en Educación que no son abordables ni solucionables en el corto ni mediano plazo. En definitiva es buena la intención por avanzar (pues objetivamente no hay retroceso), lo escaso es la sensación de participación y por tanto el APOYO. En este preciso aspecto, es importante para un Presidente nunca olvidar que fue elegido por una mayoría para hacer el trabajo que LA MAYORÍA espera que haga, integrando en su gestión a asesores visionarios y profesionales más políticos que técnicos, quienes sepan medir las consecuencias tanto de sus palabras como de sus decisiones. Quizás esta sea una manera subliminal, de visualizar un cambio en el gabinete que hace mucho rato debió realizarse.

martes, 7 de septiembre de 2010

BULLYING, ... y el hogar

Que la manifestación del bullying tiene su origen en el hogar, es ciertamente probable. Según la última encuesta CASEN, son en Chile aproximadamente dos millones los hogares monoparentales, hecho que propone una incidencia en los comportamientos de los menores. Agregado a lo anterior la violencia intrafamiliar en hogares “bien constituídos”, violencia que existe y que se ignora, y el clima sino hostil, ingrato que viven a diario los niños. Indiscutible entonces es que la debilidad de la estructura familiar, gatilla dificultades sociales de toda índole, pero en especial esta del bullying, que además siempre ha existido, pero que cada día presenciamos con mayor frecuencia y crudeza.

Si los niños traen consigo esos patrones de comportamiento desde sus hogares, es evidente que incorporados a circunstancia colectiva o grupal, de una u otra forma manifestarán o darán atisbos conductuales reprochables. Lo extraño es que en ese contexto, las conductas de esa naturaleza son muchísimo más “admiradas” y “respetadas”, que precisamente objetadas como debiera ser. Lo claro es que si ampliamos el número de niños o jóvenes, existirán más riesgos y más probabilidades de violencia.

Recuerdo en lo personal, que nosotros en la educación básica teníamos un “matón” en nuestro curso, al que “respetábamos” y “admirábamos”. Le veíamos en ocasiones agredir solo por deporte a uno y a otro de nuestros compañeros, y nuestra complicidad tenía un sabor extraño el que recién hoy defino como amargo. Ya mayores y encontrándonos en una oportunidad en este “pequeño mundo”, entre otras cosas no dejé de preguntarle que sentía él ostentando esa condición de supremacía dentro del grupo curso, … me respondió: “si tuviera la ocasión de vivir de nuevo esa situación, nunca lo haría, porque mis hijos lo han vivido ahora y en cierta forma me han cobrado, y he pagado el costo del abuso”.

Es imprescindible lograr la detección de los niños violentos, proponerlos en tratamiento y ayudar a sus familias, la comunidad toda y la sociedad tienen esa obligación urgente. Existen las metodologías, las instancias, los recursos tanto humanos como tecnológicos y la voluntad cierta de los ciudadanos, para impedir se instale en colegios y liceos de nuestro país, la cultura del Poder de facto y la Violencia como recurso válido. No creo exista alguien concuerde en que para educar a nuestros hijos, debamos contar con niños suicidados, jóvenes homicidas, víctimas con fracturas, y maltratos psicológicos con secuelas indeterminadas.